Reglas de diez a salir con mi hija

Regla nº 6:No tengo duda de que eres un tipo muy popular, con muchas oportunidades para quedar con otras chicas. Me parece muy bien, siempre y cuando le parezca bien a mi hija. Aparte de eso, desde el momento en que salgas con mi hijita, no saldrás con ninguna otra chica más hasta que ella decidida acabar la relación. Diez reglas para salir con mi hija adolescente colocando sus puntos de acceso Wi-Fi. Revista Estrategik. hace 2 meses. ... Los físicos de Georgia Tech descubren el secreto para perfeccionar el arroz frito arrojado al wok. El cambio climático está secando el río Colorado. Regla nº 1: Si aparcas delante de casa y tocas la bocina, será mejor que vengas a entregar un paquete, porque no conseguirás otra cosa. Regla nº 2: No tocarás a mi hija delante de mi. Puedes mirarla siempre y cuando no sea fijamente y siempre por encima de su cuello. Si no eres capaz de mantener tus ojos y…Continue Reading→ 10 reglas para salir con mi hija Regla nº 1: Si aparcas delante de casa y tocas la bocina, será mejor que vengas a entregar un paquete, porque no conseguirás otra cosa. Regla nº 2: No tocarás a mi hija delante de mi. Puedes mirarla siempre y cuando no sea fijamente y siempre por encima de su cuello. Si… No tengo dudas de que eres un tipo popular, con muchas oportunidades para salir con otras chicas. Esto está bien para mí, siempre y cuando estés bien con mi hija. De lo contrario, una vez que hayas salido con mi hijita, continuarás saliendo con nadie más que ella hasta que haya terminado contigo. Si la haces llorar, te haré llorar. Diez reglas sencillas para salir con mi hija 27 de julio de 2018 27 de diciembre de 2002 1°) Si parás frente a mi casa con tu auto y tocas la bocina, mejor será que estés entregando algo, porque podés estar seguro que de aquí no te vas a llevar nada. 10 reglas para salir con mi hija. Regla nº 1: Si aparcas delante de casa y tocas la bocina, será mejor que vengas a entregar un paquete, porque no conseguirás otra cosa. Regla nº 2: No tocarás a mi hija delante de mi. Puedes mirarla siempre y cuando no sea fijamente y siempre por encima de su cuello. Para salir con mi hija debes cumplir estas 10 reglas. Hace un buen tiempo que está circulando un artículo publicado por la red social para fetichistas, Fetlife, y titulado ’10 Rules For Dating My Daughter’ . Es decir, “10 reglas para salir con mi hija”. Con un tono exagerado, un padre impone al posible futuro novio de su hija, 10 mandamientos cargados de una aprensión extrema y que ...

Interludio I Danny

2018.03.16 05:51 master_x_2k Interludio I Danny

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________________________Interludio I: Danny________________________

“No sabemos cuánto tiempo él había estado ahí. Suspendido sobre el océano Atlántico. El 20 de Mayo de 1982, un crucero viajaba de Plymouth a Boston cuando un pasajero lo vio. Estaba desnudo, sus brazos a su lado, su largo pelo volando en el viento mientras estaba de pie en el cielo, casi a 30 metros sobre las gentiles olas. Su piel y pelo solo pueden ser descritos como oro pulido. Sin bello corporal o ropa que lo cubra, se dice, el se veía casi artificial.
“Después de una discusión que incluía a pasajeros y tripulación, el crucero se desvió para acercarse. Era un día soleado, y los pasajeros se amontonaron contra la barandilla para poder verlo mejor. Como si compartiera su curiosidad, la figura se acercó también. Su expresión inmutable, pero los testigos en la escena reportaron que parecía profundamente triste.
“’Pensé que él iba a quebrarse y llorar en cualquier momento’, dijo Grace Lands, ‘Pero cuando me estire y toque la punta de sus dedos, fui yo el que se echó a llorar.’
“‘Ese viaje en bote era mi viaje final. Tenía cáncer, y no tenía el valor suficiente para enfrentarlo. No puedo creer que estoy admitiendo esto en frente de una cámara, pero regresaba a Boston, donde nací, para acabar con mi mismo. Después de conocerlo, cambie de parecer. No importo de todas formas. Fui a un doctor, y dijo que no había rastro de que alguna vez tuviera la enfermedad.’
“‘Recuerdo que mi hermano, Andrew Hawke, fue el último pasajero en tener algún contacto con él. Subió a la barandilla, y, casi cayéndose, tomó la mano del hombre dorado. El resto de nosotros tuvo que sostenerlo para que no se cayera. Lo que sea que sucedió lo dejó cayado del asombro. Cuando el hombre de la piel dorada se fue volando, mi hermano se quedó en silencio. El resto del camino a Boston, mi hermano no dijo una palabra. Cuando desembarcamos, y el efecto se rompió finalmente, mi hermano balbuceaba como un niño emocionado a los reporteros.’”
“El hombre dorado reaparecería muchas veces más a lo largo de los meses y años. En algún punto, se puso ropas. Al principio, una sábana vestida sobre un hombro y fijada a ambos lados de la cadera, luego ropas más convencionales. En 1999, se puso el leotardo blanco que aun viste hoy. Por más de una década, nos preguntamos, ¿Donde consiguió nuestro hombre dorado estas cosas? ¿Con quién estaba en contacto?
“Periódicamente al principio, entonces con un aumento de frecuencia, el hombre dorado comenzó a intervenir en tiempos de crisis. Para eventos tan pequeños como el choque de un auto, tan grandes como desastres naturales, ha llegado y usado sus habilidades para salvarnos. Un resplandor de luz para congelar agua reforzando un dique debilitado por un huracán. Un acto terrorista prevenido. Un asesino serial atrapado. Un volcán calmado. Milagros, se decía.
“Su paso aumento, tal vez porque todavía estaba aprendiendo lo que podía hacer, tal vez porque estaba desarrollando un mejor sentido de donde era necesitado. Para mitad de los 90s, viajaba de crisis en crisis, volando más rápido que la velocidad del sonido. En quince años, no descansó.
“Solo se sabe de una vez que hablo en treinta años. Después de extinguir un incendio masivo en Alexandrovsk, él se detuvo para examinar la escena y estar seguro que no quedaran llamas. Un reportaron le hablo, y le pregunto, ¿‘Kto vy?’ - ¿Qué eres?
“Conmocionando al mundo, captado en cámara en una escena repetida innumerables veces, el respondió en una voz que sonaba como si nunca hubiera producido un sonido antes. Apenas perceptible, le dijo, ‘Scion’.
“Se convirtió en el nombre que usamos para él. Irónicamente, por que tomamos una palabra que significa descendiente, y la usamos para nombrar al primero de muchos individuos con superpoderes – parahumanos - en aparecer a lo ancho de la Tierra.
“Solo cinco años después de la primera aparición de Scion, los superhéroes emergieron de la cobertura del rumor y el secreto para mostrarse al público. Aunque los villanos siguieron poco después, fueron los héroes los que rompieron cualquier ilusión de que los parahumanos fueran figuras divinas. En 1989, intentando apaciguar un disturbio causado por un juego de basquetbol en Michigan, el superhéroe conocido por el público como Vikare intervino, solo para ser aporreado en la cabeza. Murió no mucho después de una embolia cerebral. Mas tarde, seria revelada su identidad como Andrew Hawke.
“La era dorada de los parahumanos fue de esta forma muy corta. No eran las figuras divinas que habían parecido ser. Los parahumanos eran, después de todo, gente con poderes, y la gente tiene defectos. Las agencias gubernamentales tomaron una mano más firme, y los estado-“
La televisión se apagó, y la pantalla se volvió negra, cortando el documental a mitad de la oración. Danny Hebert suspiro y se sentó en la cama, solo para pararse un momento después y empezar a caminar de un lado a otro.
Eran las tres y cuarto de la mañana, y su hija Taylor no estaba en su cuarto.
Danny se pasó las manos por el pelo, que era lo suficientemente delgado como para estar más cerca de la calvicie que no. Le gustaba ser el primero en llegar al trabajo, observando a todos llegar, haciéndoles saber que estaba allí para ellos. Así que, por lo general, se acostaba temprano; se acostaría a las diez de la noche, más o menos dependiendo de lo que estuviera en la televisión. Solo esta noche, pasada la medianoche, se había sentido perturbado por un sueño inquieto cuando sintió, en vez de oír, el cierre de la puerta trasera de la casa, justo debajo de su dormitorio. Había buscado a su hija, y había encontrado su habitación vacía.
Así que esperó a que su hija volviera por tres horas.
Incontables veces, había mirado por la ventana, esperando ver entrar a Taylor.
Por vigésima vez, sintió el impulso de pedirle ayuda a su esposa, por consejo, por apoyo. Pero su lado de la cama estaba vacío y lo había estado durante algún tiempo. Diariamente, al parecer, le daba el impulso de llamar a su teléfono celular. Sabía que era estúpido, ella no contestaría, y si él le daba vueltas a eso por mucho tiempo, se sentía enojado con ella, lo que hacía que se sintiera peor.
Se preguntó, incluso cuando sabía la respuesta, por qué no le había dado a Taylor un teléfono celular. Danny no sabía lo que estaba haciendo su hija, lo que la llevaría a salir de noche. Ella no era de ese tipo. Podía decirse a sí mismo que la mayoría de los padres se sentían así por sus hijas, pero al mismo tiempo, él lo sabía. Taylor no era social. No iba a fiestas, no bebía, ni siquiera estaba interesada en el champán cuando celebraban juntos el Año Nuevo.
Dos posibilidades siniestras seguían fastidiándolo, ambas demasiado creíbles. La primera fue que Taylor había salido a tomar aire fresco, o incluso a correr. Ella no era feliz, especialmente en la escuela, él lo sabía, y el ejercicio era su forma de resolverlo. Podía verla hacerlo un domingo por la noche, con una nueva semana en la escuela que se avecina. Le gustaba que correr la hiciera sentirse mejor consigo misma, que parecía estar haciéndolo de una manera razonable y saludable. Solo odiaba que ella tuviera que hacerlo aquí, en este vecindario. Porque aquí, una chica delgada en su adolescencia era un objetivo fácil para el ataque. Un asalto o algo peor: ni siquiera podía articular la peor de las posibilidades en sus propios pensamientos sin sentirse físicamente enfermo. Si ella hubiera salido a las once de la noche a correr y no había regresado a las tres de la mañana, eso significaba que algo había sucedido.
Miró por la ventana otra vez, en esa esquina de la casa donde el charco de iluminación bajo la luz de la calle le permitiría verla acercándose. Nada.
La segunda posibilidad no fue mucho mejor. Sabía que Taylor estaba siendo hostigada. Danny lo descubrió en enero, cuando sacaron a su hija de la escuela y la llevaron al hospital. No a la sala de emergencias, sino la sala psiquiátrica. Ella no diría por quién, pero bajo la influencia de las drogas que le habían dado para calmarse, había admitido que estaba siendo victimizada por matones, usando el plural para darle una pista de que era un ellos y no un él. o una ella. Ella no lo había mencionado, el incidente o el acoso, desde entonces. Si él empujaba, ella solo se ponía tensa y se volvía más retraída. Él se había resignado a dejarla revelar los detalles en su propio tiempo, pero habían pasado meses sin que le ofreciera indicios ni pistas.
Había muy poco que Danny podía hacer sobre el tema. Había amenazado con demandar a la escuela después de que su hija había sido llevada al hospital, y la junta escolar había respondido llegando a un acuerdo, pagando sus facturas del hospital y prometiéndoles que la protegerían para evitar que tales eventos ocurrieran en el futuro. Era una débil promesa hecha por un personal con exceso de trabajo crónico y no hizo nada para aliviar sus preocupaciones. Sus esfuerzos para que ella cambiara de escuela habían sido obstinadamente contrarrestados con reglas y regulaciones sobre los tiempos máximos de viaje que un estudiante podía tener entre el hogar y una escuela determinada. La única otra escuela a una distancia razonable del lugar de residencia de Taylor era Arcadia High, y ya estaba abarrotada de gente desesperada con más de doscientos estudiantes en una lista solicitando ser admitidos.
Con todo eso en mente, cuando su hija desapareció hasta la mitad de la noche, no pudo evitar la idea de que los matones la hubieran atraído con chantajes, amenazas o promesas vacías. Solo sabía sobre un único incidente, el que la había llevado al hospital, pero había sido grotesco. Se había implicado, pero nunca se revelado, que habían estado sucediendo más cosas. Podía imaginarse a estos chicos o chicas que estaban atormentando a su hija, incitándose unos a otros mientras inventaban formas más creativas de humillarla o dañarla. Taylor no había dicho mucho en voz alta, pero lo que estaba sucediendo había sido tan malvado, persistente y amenazante que Emma, ​​la amiga más íntima de Taylor durante años, había dejado de pasar tiempo con ella. Le irritaba.
Impotente. Danny estaba indefenso donde contaba. No había ninguna acción que pudiera tomar: su única llamada a la policía a las dos de la mañana solo le había dado una explicación cansada de que la policía no podía actuar ni buscarla sin algo más con que trabajar. Si su hija todavía estaba desaparecida después de doce horas, le habían dicho que debería llamarlos de nuevo. Todo lo que podía hacer era esperar y rezar con el corazón en la garganta para que el teléfono no sonara, un oficial de policía o una enfermera al otro lado listos para contarle lo que le había sucedido a su hija.
La más mínima vibración en la casa marco el escape del aire cálido de la casa al frío exterior, y hubo un silbido amortiguado cuando la puerta de la cocina se cerró de nuevo. Danny Hebert sintió una emoción de alivio junto con un miedo abyecto. Si bajaba a buscar a su hija, ¿la encontraría sufriendo o herida? ¿O su presencia empeoraría las cosas si su propio padre viera en su punto más vulnerable después de la humillación a manos de los matones? Ella le había dicho, en todos los sentidos, excepto expresado en voz alta, que no quería eso. Ella le había suplicado, con lenguaje corporal y contacto visual evitado, frases sin terminar y cosas sin decir, que no pregunte, no presione, no vea, cuando se trataba de la intimidación. No pudo decir por qué, exactamente. El hogar era un escape de eso, había sospechado, y si reconocía el acoso, lo hacía realidad aquí, tal vez no tendría ese alivio. Tal vez era una pena que su hija no quisiera que él la viera así, no quería ser tan débil delante de él. Realmente esperaba que ese no fuera el caso.
Así que se pasó los dedos por el cabello una vez más y se sentó en la esquina de la cama, con los codos en las rodillas, las manos en la cabeza y mirando la puerta cerrada de su dormitorio. Sus orejas estaban peladas por la menor pista. La casa era vieja, y no había sido un edificio de alta calidad cuando había sido nueva, por lo que las paredes eran delgadas y la estructura propensa a hacer ruido en cada oportunidad. Hubo un leve sonido de una puerta cerrándose abajo. ¿El cuarto de baño? No sería la puerta del sótano, no había razón para que ella bajara allí, y no podía imaginar que era un armario, porque después de dos o tres minutos, la misma puerta se abrió y se cerró de nuevo.
Después de que algo golpeó en la encimera de la cocina, hubo poco más que un gruñido ocasional de las tablas del suelo. Cinco o diez minutos después de que ella entrara, se produjo el crujido rítmico de las escaleras cuando ella subió. Danny pensó en aclarar su garganta para hacerle saber que estaba despierto y disponible si ella llamaba a su puerta, pero decidió no hacerlo. Estaba siendo cobarde, pensó, como si la limpiar su garganta hiciera realidad sus temores.
Su puerta se cerró con cuidado, casi inaudible, con el más leve toque de puerta en el marco de la puerta. Danny se levantó abruptamente, abriendo su propia puerta, listo para cruzar el pasillo y tocar la puerta de ella. Para verificar que su hija estaba bien.
Fue detenido por el olor a mermelada y tostadas. Ella había hecho una merienda nocturna. Lo llenó de alivio. No podía imaginar a su hija, después de haber sido asaltada, atormentada o humillada, llegando a casa para brindar con mermelada como bocadillo. Taylor estaba bien, o al menos, estaba lo suficientemente bien como para dejarla sola.
Dejó escapar un estremecedor suspiro de alivio y se retiró a su habitación para sentarse en la cama.
El alivio se convirtió en ira. Estaba enojado con Taylor, por hacer que se preocupara, y luego ni siquiera se desviarse de su camino para hacerle saber que estaba bien. Sintió un resentimiento latente hacia la ciudad, por tener barrios y personas en las que no podía confiar a hija. Odiaba a los matones que atacaban a su hija. Detrás de todo, había frustración consigo mismo. Danny Hebert era la única persona que podía controlar en todo esto, y Danny Hebert no había hecho nada que importara. No había recibido respuestas, no había detenido a los agresores, no había protegido a su hija. Lo peor de todo fue la idea de que esto podría haber sucedido antes, con él simplemente durmiendo a través de ello en lugar de quedarse despierto.
Se contuvo de entrar a la habitación de su hija, gritarle y exigirle respuestas, incluso si era lo que quería, más que nada. ¿Dónde había estado ella? ¿Qué había estado haciendo? ¿Estaba herida? ¿Quiénes eran estas personas que la atormentaban? Sabía que, al confrontarla y enojarse con ella, haría más daño que bien, amenazaría con cortar cualquier vínculo de confianza que hubieran forjado entre ellos.
El padre de Danny había sido un hombre poderoso y fornido, y Danny no había obtenido ninguno de esos genes. Danny había sido un nerd cuando el término todavía era joven en la cultura popular, delgado, torpe, miope, gafas, mal sentido de la moda. Lo que había heredado era el temperamento famoso de su padre. Rápido para levantarse y sorprendente en su intensidad. A diferencia de su padre, Danny solo había golpeado a alguien con ira dos veces, las dos veces cuando era mucho más joven. Dicho eso, al igual que su padre, él podía lanzarse en diatribas que dejarían a la gente temblando. Durante mucho tiempo, Danny había visto el momento en que comenzó a verse a sí mismo como un hombre, un adulto, como el momento en el que se había jurado a sí mismo que nunca perdería la paciencia con su familia. Él no le pasaría eso a su hijo como su padre se lo pasó a él.
Nunca había roto ese juramento con Taylor, y sabiendo que eso era lo que lo mantenía encerrado en su habitación, caminando de un lado a otro, con el rostro enrojecido y queriendo golpear algo. Si bien nunca se había enojado con ella, nunca le había gritado, sabía que Taylor lo había visto enojado. Una vez, él había estado en el trabajo, hablando con un ayudante del alcalde. El hombre le había dicho a Danny que los proyectos de reactivación de los muelles estaban siendo cancelados y que, contrariamente a las promesas, iban a haber despidos en lugar de nuevos empleos para los ya beligerantes trabajadores portuarios. Taylor había pasado la mañana en su oficina con la promesa de que saldrían por la tarde, y había estado en posición de verlo explotar de la peor manera con el hombre. Cuatro años atrás, había perdido los estribos con Annette por primera vez, rompiéndose el juramento. Esa había sido la última vez que la había visto. Taylor no había estado allí para verlo gritarle a su madre, pero estaba bastante seguro de haber escuchado algo de eso. Lo avergonzó.
La tercera y última vez que había perdido los estribos donde Taylor estaba en condiciones de saberlo había sido cuando ella había sido hospitalizada después del incidente en enero. Había gritado al director de la escuela, que se lo merecía, y al entonces profesor de biología de Taylor, que probablemente no. Había sido tan malo que una enfermera había amenazado con llamar a un oficial de policía, y Danny, apenas satisfecho, había salido del pasillo a la habitación del hospital para encontrar a su hija más o menos consciente y con los ojos muy abiertos en reacción. Danny albergaba un profundo temor de que la razón por la que Taylor no había ofrecido ningún detalle sobre el acoso fuera por temor a que él, en cólera ciega, hiciera algo al respecto. Le hizo sentirse mal, la idea de que él podría haber contribuido algo al aislamiento autoimpuesto de su hija en la forma en que estaba lidiando con sus problemas.
Le tomó a Danny mucho tiempo calmarse, ayudado diciéndose a sí mismo una y otra vez que Taylor estaba bien, que estaba en casa, que estaba a salvo. Fue una bendición que, cuando la ira se desvaneció, se sintió agotado. Se subió al lado izquierdo de la cama, dejando el lado derecho vacío por un hábito que todavía no había roto, y se cubrió con las mantas.
Él hablaría con Taylor por la mañana. Obtendría una respuesta de algún tipo.
Esa noche soñó con el océano.

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